Opinión

Oramas, la mujer a la que España quiere besar

La diputada de Coalición Canaria en el Congreso, Ana Oramas. EFE/JUANJO MARTÍN

Esta semana, en la moción de censura de Podemos, ha nacido una líder, Ana Oramas. Una líder contundente, justa, directa, implacable, seca, inapelable, segura, durísima, todavía un poco autómata, pero constante, peligrosa y fría.

A mí me parece que detrás de aquellos folios de mármol, que sin embargo volaban en las manos de la diputada de Coalición Canaria como letales mariposas de un día, hay un buen escritor, un negro, un hombre de prosa salmódica, canónica, precisa, malvada, una prosa de hechos, una prosa hecha de cosas, de nombres, de actos, de evidencias, que es la misma prosa de la vida.

Hace un tiempo, leí un libro sobre el mítico film de Casablanca. Cuando estaban buscando un galán, alguien propuso a Humphrey Bogart: “Bogart, usted cree que alguna mujer querría besar a Bogart?”. Y entonces, Ingrid Bergman, que estaba presente:”Yo”. Hace una semana ¿quién querría besar a Ana Oramas, diputada por la provincia de Tenerife?. Ni siquiera Rajoy. Hoy toda España.

En el parlamento, en la televisión (estas cosas se hacen ya más para tv que para los ciudadanos) se ha representado el bonito juego de las equivocaciones, la comedia de las mentiras, el baile de disfraces y el carnaval en la Venecia de la cutreidad que es el Congreso, con sus purpurinas y tapices. De donde sale que toda la vida nacional está falseada, que todos hablan fingiendo la voz, que se han cambiado los papeles en la ceremonia de la democracia, para mayor confusión y regocijo del gentío. Y todo en un clima de bizarría y botijo que mantuvo el de la coleta y sus acólitos en los tendidos, con sol de aplausos y sombra de pateos, como en los toros. Más el defenestrado, Iñigo Errejón, ensayando una gestualidad gamberra. Fuera del Congreso, fuera de su discurso, Podemos no puede mantener en la calle un discurso ético y social, y mucho menos llevarlo adelante. Su engaño está en los hechos, en la acciones y en las omisiones. Y en estas llega la señora Oramas tiene un primer acto dónde recuerda las canciones de La Lupe, y un segundo acto, ya sin apuntador, donde acumula verdades, denuncias y valentías de infarto. Oramas lleva desde el 2007 en el Congreso, no es que haya aprendido, mejorado la imagen o pasado por la peluquería, sino que haciendo de izquierda total que es un tope es cuando la mujer se crece, habla claro y hasta pronuncia claro. Ha nacido una líder, sí, capaz de arrojar del templo a los oligopolios, los tuaregs y el jefe de la taifa. Pero como unos y otros iban de mascarita, tirándose el nardo de que ellos matan, acabada la función todos se lavan sus partes y olvidan el papel. Era artificio y televisión. Lo que Iglesias quería, osea.

Por Marisa Arcas

@marisaarcas

 

19 Junio, 2017

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