Opinión

La manía persecutoria de Oriol Junqueras

Ya lo explicó el polifacético, Eugenio d’Ors: “Lo malo del que sufre manía persecutoria es que tiene razón”. Pues bien, el señor o señorito Oriol Junqueras sufre manía persecutoria y tiene razón.

Lo que él llama “conjura” o “conspiración” del Gobierno de España, jueces y medios contra su referéndum independentista, lo siente en realidad como persecución a él mismo, y hace bien. ¿Pues qué sería, quién sería el señor o señorito Junqueras si no estuviese engrandecido por una conjura? Hay millonarios que sólo lo son por sus deudas. Hay políticos que sólo lo son por sus enemigos. Como el señor o señorito Junqueras no tiene ni siquiera enemigos, se los inventa.

En esta vida eres lo que haces, y como Junqueras no tiene nada que hacer en política seria, ha hecho correr el runrún de una maquinación contra Cataluña, contra los catalanes y  contra los ideales de Puigdemont, Presidente de la Generalidad, que ha tomado como símbolo o cariátide a este mozo estrábico. El bisojo no tiene pruebas ni papeles ni fechas ni nombres ni documentos ni nada. El bisojo dice lo de la persecución porque de alguna manera tiene que ganarse el sueldo, porque se lo ha oído a Artur Mas y a Carles Puigdemont.

Comprendo muy bien al señor o señorito Junqueras. El es una nada gratuita y necesita darse corporeidad a sí mismo, otorgarse entidad mediante una persecución que en buena medida le glorifica personalmente. Cuenta Louis Althusser, filósofo francés, en sus memorias que de joven se sentía transparente, tenía la sensación angustiosa de que los mayores no le veían, y entonces hacía cosas absurdas para llamar la atención. Eso nos ha pasado a casi todos los niños.

El niño Junqueras tiene un afán infantil de notoriedad. Se sabe transparente, inexistente y, como su estrabismo no epata a nadie, le entra la manía persecutoria, que endosa al Gobierno bajo el nombre de conspiración, por un mínimo de estrategia política. Es el prototipo de niño althusseriano. Contra Cataluña no conspira nadie, y menos contra sus políticos. Así, el espantoso complot contra Cataluña y sus políticos no es sino la crisis de identidad de un chico estrábico.

La verdad es que Junqueras no tiene nada que hacer, no pinta nada y, como todo el que no pinta nada, sufre manía persecutoria. Con algo tiene que llenar su vida. Junqueras es el cactus de cualquier despacho. Nada más.

Por Marisa Arcas

@marisaarcas

2 agosto, 2017

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