Opinión

Indigestión de Simeone

EFE

Cuando terminó la temporada futbolística 1016/1017, en cuyo último acto el Atlético de Madrid, mi “Aleti” de siempre, perdió de nuevo la final de la “Champions” por la torpeza del internacional francés Griesman al fallar un penalti en semejante y trascendental cita, denuncié en estas mismas lineas que me parecía intolerable la actitud veraniega del entrenador Simeone, que no ocultó su profundo cabreo por semejante pérdida y amenazó con abandonar las filas atléticas. No fue así porque se le dio la coba suficiente para conseguir que continuara, sobre todo con vistas al estúpido cambio de Estadio, considerando los dirigentes del Club que sólo él podía pilotar tan difícil cambio, cuando en realidad lo que había pasado es que el ciclo Simeone había llegado a su fin, simbolizado por su enfrentamiento con el jugador belga Carrasco.

Se afrontó de ese modo el inexplicado cambio de Estadio,  que se nos ha querido “vender” como un acierto de la Directiva rojiblanca y del Ayuntamiento de Madrid, cuando en realidad ha sido un desastre, como lo fue el cambio que yo piloté, como Delegado de Servicios del Club por aquellos 60, desde el viejo y entrañable Metropolitano al Manzanares, luego recalificado como Vicente Calderón. Irse de un Estadio a otro es siempre una aventura difícil pues los jugadores, con sus entrenadores a la cabeza, en sus muchísimos entrenamientos y partidos en el terreno que abandonan tienen una serie de referencias ópticas y posicionales que les permiten actuar con eficacia de forma mecánica y automática que desaparece al trasladarse a uno nuevo, por mucho que se canten las excelencias de éste, como se viene haciendo con el “Wanda-Metropolitano”.

Y encima tal dificultad lógica, que prácticamente determina que durante un tiempo largo se esté jugando todos los partidos como si se hiciera en campo contrario, se ha unido a la indeseable continuidad, desde el año anterior, de Simeone, como si éste, además de ser un magnífico entrenador, fuera un taumaturgo, capaz de conseguir el milagro de que los jugadores no notaran el cambio de terreno de juego, con independencia de que la afición sea la misma entusiasta de siempre. De ese modo estamos contemplando el fracaso atlético de este principio de temporada, en el que tácticamente y en lo que se refiere a la combinación de jugadores el tal y respetable Simeone por cuanto ha hecho en el pasado reciente atlético se está equivocando lamentablemente.

Y le están haciendo equivocarse los jugadores europeos y españoles descontentos, que ya son mayoría, simplemente porque el ciclo Simeone, como el de cualquiera, ha terminado y muchos jugadores y seguidores padecen/padecemos “indigestión de Simeone”, tanto más cuando coincide, como queda dicho, con la tremenda dificultad del cambio de Estadio, que mejor abordarla con un preparador nuevo también. Agradézcansele al argentino sus servicios y despídasele antes de que se despida él, aunque la máxima culpabilidad corresponde a una Directiva que no ha sabido negociar ni conseguir la continuidad en el Estadio del Manzanares o Vicente Calderón, que era lo que a la comodidad de espectadores y seguidores convenía, como a la eficacia y automatismo de los jugadores.

Manuel Monzon

8 octubre, 2017

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