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El Colegio que queremos, el cambio que necesitamos

El próximo día 13 de diciembre están llamados a las urnas cerca de 77.000 abogados del Colegio de Abogados de Madrid. Somos el Colegio más grande de Europa. En estas elecciones los compañeros tienen la oportunidad de elegir a los candidatos que, a su juicio, mejor les representen durante los próximos 5 años. Por ello, desde aquí, tengo que animar para que ese día la participación sea lo más numerosa posible. El futuro Decano y su Junta de Gobierno tienen que salir de las urnas con el máximo apoyo si queremos tener una voz fuerte en todas las instancias para la defensa de nuestra profesión.

Son grandes los valores que presiden el ejercicio de la abogacía y que culminan en la protección de la dignidad humana, la defensa de sus derechos y en la búsqueda de la Justicia como un frontispicio. A ello, las virtudes de ejemplaridad para la sociedad del abogado; la rectitud, honradez, lealtad, diligencia con los clientes y el sentido del compañerismo muto, han de encarnarse en la actuación de cualquier abogado y del propio Colegio. Hemos de sentirnos orgullosos de ser abogados, de la trascendencia y señorío de la función que cumplimos para la armonía de la sociedad.

Somos pieza esencial del Estado de Derecho. Por ello, el Colegio ha de tener el compromiso y la obligación de conservar, enseñar y transmitir nuestros valores y virtudes a todas las generaciones de abogados, para acrecentar nuestro prestigio y reconocimiento social; y, en su sentido negativo, purgar aquellas conductas que ensombrecen nuestra profesión. El Colegio debe ser una institución presidida por un principio de neutralidad ideológica, salvo en la defensa del Estado de Derecho y  de los Derechos Humanos, y absolutamente transparente en su actividad y gestión.

La excelencia y calidad de los servicios profesionales arranca desde las Universidades y centros de formación jurídica. La comunicación del Colegio con estas instituciones de enseñanza tiene que ser permanente, estableciendo los cauces adecuados para que las ramas del Derecho se adapten a las nuevas necesidades de asesoramiento jurídico que demandan los clientes. La medida de nuestro valor como abogados depende de lo que, estudiamos, aprendemos y practicamos. El Colegio debe incentivar la formación y necesaria especialización de los abogados por medio de cursos de formación y con una política de precios accesibles para los colegiados.

En especial, el Colegio ha de auxiliar a los colegiados en todos los procesos de transformación tecnológica. Prestar ayuda a los abogados que afrontan la actividad profesional, en especial a los más jóvenes, es fundamental. El Colegio debe estar presente en esos comienzos, poniendo a disposición de los colegiados herramientas de acceso al conocimiento, medios materiales, promoviendo servicios que faciliten esos inicios o generando oportunidades profesionales. En definitiva, el Colegio ha de ser una ayuda real y efectiva para los nuevos emprendedores, huyendo de planteamientos burocráticos y teniendo una perspectiva práctica. El Colegio solo justifica su propia existencia si tiene plena vocación de servir al colegiado.

El ejercicio de la profesión también se mejora impulsando medidas desde el Colegio que faciliten el ejercicio diario de la profesión. Medidas relacionadas con nuestra presencia, trato y debida consideración en los Juzgados y Tribunales, la racionalización de los horarios de vistas, el derecho de desconexión de lexnet, la adecuada comodidad y sustento a proporcionar en las salas de esperas o la correcta atención por el personal de la Administración de Justicia. En especial, es imprescindible avanzar en medidas orientadas a conciliar las necesidades de la familia con la práctica profesional.

Nuestra profesión se enfrenta a nuevos entornos: la tecnología que potencia la inteligencia artificial y la sustitución del abogado por la máquina; las actividades de paralegal sin la presencia de abogados; por destacar algunas de ellas, pueden banalizar los servicios profesionales de los abogados, incluso, abocar al intrusismo profesional.

El Colegio ha de impulsar las actividades relacionadas con la mediación y el arbitraje, para solucionar los conflictos, facilitando y promoviendo el acceso a los abogados interesados en estas prácticas profesionales, pero dotándolas de la imprescindible transparencia y accesibilidad para los colegiados. De manera urgente hay que hacer partícipes de la vida del Colegio a todas las asociaciones creadas por abogados y fomentar la presencia del Colegio en foros internacionales para colocar a la altura que se merece la abogacía madrileña.

El Colegio no puede ser insensible a las nuevas necesidades de los compañeros que tras una larga pertenencia al Colegio, toman la decisión de jubilarse. Han de adoptarse  medidas para garantizar que las expectativas generadas por la pertenencia durante largo tiempo a la mutualidades asociadas a nuestro Colegio no se frustren; y reconocerles determinados espacios donde puedan seguir voluntariamente vinculados en actividades y proyectos del Colegio que permitan aprovechar el conocimiento y la experiencia adquirida durante toda la vida profesional.

El presente y futuro está en nuestras manos y la abogacía madrileña se merece un Decano que con ilusión, empeño y determinación nos represente y defienda durante los próximos 5 años.

José Ignacio Monedero Montero de Espinosa

Candidato a Secretario a la Junta de Gobierno del ICAM en la candidatura de José Maria Alonso y fundador de la Plataforma “Somos Abogados”

 

2 diciembre, 2017

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