Opinión

Llega la Navidad, esa gran fiesta comercial

El  Papa ha dicho lo que dicen todos los Papas cuando se avecinan las Navidades.”Que la Navidad no se convierta en una fiesta comercial”. Francisco podía haber afinado un poco más, porque la cosa, antes, era peor. La Navidad se convertía en un festín de carne -carne de cordero o de lubina-, lo cual quedaba mucho más vulgar y aburrido. Ahora la Navidad es ante todo una fiesta comercial donde la gente se compra abrigos, relojes, discos, bufandas y otros caprichos a pilas.

Antes sí que podía hablarse de fiestas carnales y carnívoras, pero hoy, en estas noches católicas, universales y paganas, nos pasamos el tiempo discutiendo si es cava o champán. Antes de llegar a una conclusión ya nos lo hemos bebido todo y quedamos para la noche siguiente por seguir aclarando puntos.

La Navidad burguesa era más nutritiva y más ordinaria, como todo lo nutritivo. La Navidad judeocapitalista nos mete de lleno en un calendario sediento que en realidad es una competición del gentío para lucir o regalar la pulsera más cara, el escote más generoso, el ombligo más geométrico y los complementos más inútiles, hasta el punto de que ya no complementan nada.

Entre guerras en Oriente, guerras civiles, guerras provinciales (en España) entreveradas de tornados, riadas, terremotos, incendios y calamidades, ocurre que el hombre no se está haciendo más salvaje sino más refinado, y ya no le trae a la novia, de la guerra, unas bragas de esparto de Afganistán, sino una sutilísima lencería de El Corte Inglés. Todo esto es algo más que publicidad.

Todo esto es el proceso más delicado y profundo, más duradero, que mejora la condición humana. Algo así como un carlotercismo que llegará a afrancesar Madrid, un suponer. La Iglesia, que tantas monedas ha empleado en imaginería, siempre cara por buena o por cara, nos pide ahora que no seamos festivaleros ni verbeneros de Cristo porque ha muerto en una cruz. En ese razonamiento se amparan los que les trae al pairo las palabras del Papa. El mundo no se paganiza porque nació ya paganizado. La compraventa de joyas no es un pecado nuevo sino que viene de Persia y todavía se estila. El hombre ha progresado poco virtuosamente pero está progresando mucho estéticamente. Ahora perdemos más el tiempo pero el tiempo vale más que nunca porque el reloj es de oro.

Por Marisa Arcas

@marisaarcas

2 diciembre, 2017

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