Opinión

Yo no le deseo feliz año a todo el mundo. Ni mucho menos.

 Es una costumbre muy arraigada en nuestra sociedad desear, durante los primeros días del año que empieza, un feliz año a las personas con las que nos encontramos: en comercios donde no te conocen de nada, en el portal a los vecinos que conocemos de vista pero con los que jamás intercambiamos más allá de un “buenos días” o “buenas noches”, y por supuesto, a los amigos, conocidos y familiares. Ese “¡Feliz Año!” que decimos casi siempre por inercia y costumbre, pero probablemente también con ese deseo que quizás todos tenemos de que el año que viene sea mejor que el que se va.

Aunque reconozco que yo no le deseo feliz año a todo el mundo. Ni mucho menos.

No le deseo feliz año a ningún maltratador de animales, sea que actúe por acción (es decir, al que maltrata de hecho) o por omisión (es decir, no cuidando debidamente al animal, no llevándole al veterinario cuando es necesario, no alimentándole debidamente…). Ni por supuesto les deseo feliz año a los políticos y ayuntamientos que prohíben alimentar o cuidar a los animales callejeros bajo el pretexto de que son “plaga”, y que además, persiguen con multas a quienes lo hacen olvidando (o desconociendo) que el nivel de civilización de un país se mide por su trato a los animales.

No les deseo feliz año a los delincuentes ocasionales o profesionales, a los amigos de lo ajeno con o sin violencia añadida, a los violadores, a los asesinos. A ningún tipo de persona que haga daño a otra bien para sacar un beneficio propio o bien por venganza, como sucede en tantos casos de hombres acusados falsamente de maltrato por sus ex-parejas, por poner un ejemplo. Tampoco, por supuesto, le deseo feliz año nuevo a los maltratadores, sean del sexo que sean ellos y sus víctimas.

No les deseo feliz año a los políticos corruptos ni a los traidores, a los que nos roban desde cargos públicos o nos engañan para arañar cuatro años más de privilegios y poder, a los que niegan a los españoles lo que ofrecen a manos llenas a los que llegan de fuera, a los que disfrazan su indiferencia por los compatriotas con la máscara del amor por la Humanidad.

No les deseo feliz año a los vendidos a un Sistema podrido y corrupto que no hace nada por el pueblo al que debe (y dice) proteger: periodistas que cuentan verdades a medias y mentiras completas, políticos que se venden al mejor postor, que actúan a veces por puro odio a nuestro país, a nuestra civilización, a nuestra cultura, y que por odio desean destruirla, a los leguleyos de tres al cuarto que interpretan las leyes en base a lo políticamente correcto y no por amor a la justicia.

No les deseo feliz año a quienes aplican una “justicia” que ningunea a las víctimas y protege a los verdugos, que deja en libertad a reincidentes porque aboga y cree en la “reinserción” y que pasa olímpicamente del sufrimiento que causan esos hijos de puta en las calles. A los que piden tolerancia para los intolerantes y llaman delito de odio a la defensa propia.

No les deseo feliz año a los encubridores de delitos, a los que miran para otro lado en casos de cualquier tipo de maltrato, a los que desde su posición de poder abusan de los más débiles, a los que se corrompen por dinero, a los que se venden por un plato de lentejas, a los que carecen de empatía con los que sufren, a los que liberan a los culpables sin importarles el sufrimiento de sus víctimas, a los que matan en nombre de su fe o de sus ideas.

Aunque a todos ellos les deseo, eso sí, toneladas de karma, o justicia cósmica, si preferís llamarlo así. Cantidades ingentes de karma cada día del año que estamos estrenando.

A todos los demás, sí: ¡FELIZ AÑO NUEVO!

YOLANDA COUCEIRO

5 enero, 2018

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