Madrid, Opinión

Carrusel de mentiras… ¡ahora toca Serrano Súñer!

Suma y sigue. Ahora, de repente y sin saber a qué obedece semejante «remake seudohistórico» e irrelevante, como no sea otro episodio de la nefasta «ley de memoria histérica zapatera», la tele nos obsequia con una serie cuya trama está montada sobre el amorío del  chulo, arribista, trepa de Serrano Suñer, lejanísimo ministro de Franco, con la ligera Sonsoles de Ycaza, por matrimonio arribista también, marquesa de Llanzol, con un pobre marqués que le doblaba la edad.

Alrededor de tal golfa y elemental coyunda se monta un relato falsurrio de la época -1938/1941- en el que, poniendo de manifiesto inevitablemente la culpabilidad adúltera de sus protagonistas, no obstante se les disculpa su cálido romance y se utiliza para «explicar» por qué Franco, cuñado de Serrano, acabó con su «brillante carrera política», según la serie.

De risa y mentira todo, salvo el acostarse del entonces Ministro de Exteriores de Franco con la calentona marquesa. Serrano Súñer solo fue un inútil y trepa con suerte, al estilo de Adolfo Suarez muchos años después. Si mediocre el ex Presidente llegó adonde llegó, sobre el montaje mentiroso de su «heroísmo político», gracias a pegarse como una lapa al entonces Ministro Secretario General del Movimiento, Fernando Herrero Tejedor, y trepar a su socaire, ¿adónde no fue capaz de llegar el más mediocre aun Serrano Súñer, por las «simples» circunstancias de haber coincidido en la Facultad con José Antonio Primo de Rivera y, nada menos, que ser  cuñado de Franco, casado con Ramoncita, «Zita» Polo, hermana de Doña Carmen?

Convirtiendo en falsa amistad lo que solo fue coincidencia con José Antonio y sin ser nadie en la Falange de entonces, se aupó a su cabeza, presidiendo la Junta Política, por supuesto aprovechando también la sombra de Franco. Desde ahí fue elevado a Ministro de Gobernación y Asuntos Exteriores sucesivamente hasta que al final de 1941, consciente el Caudillo del romance adúltero de su cuñado y, sobre todo, de cómo le estaba traicionando políticamente en Berlín con Hitler, que deseaba el derrocamiento de Franco, se decidió a quitarlo de en medio y acabar con su carrera política en el Régimen. Aunque luego, muerto Franco, se dedicó a alardear de haber sido «un demócrata de toda la vida» y un antifranquista, semejante pro nazi, chulo, golfo, arribista, «guaperas».

La verdad es que era  un prohitleriano convencido de que España tenía que entrar en la guerra mundial junto al III Reich alemán, lo que le llevó a conspirar contra Franco, al que sus Generales aconsejaban lo contrario, en par titular Varela, Ministro del Ejército a la sazón y antagonista total de Serrano. Un Varela al que, sospechosamente, dos falangistas enloquecidos, Calleja y Domínguez, intentaron asesinar de un bombazo al salir de la Basílica de Begoña. Al tiempo supo Franco del deseo hitleriano de derrocarlo y sustituirlo por el General Muñoz Grandes, inocente en todo momento de semejantes manejos, que solo sabían Hitler, Ribentrop y Serrano.

Cuando Alemania invadió la Unión Soviética, el 22 de junio del 41, Serrano creyó llegado el momento de meter a España en la contienda al lado de Hitler y terminar políticamente con Varela y los generales que se oponían a sus propósitos. Y pronunció, que «labia» le sobraba, tras las cinco flechas gigantescas de la calle de Alcalá, sede durante tantos años de la Secretaria General del Movimiento, su arenga de «Rusia es culpable». Pero solo pudo «sacarle» a Franco  la, por otra parte bien heroica, División Azul para luchar en el frente del Este.

Y, como ya queda dicho antes, la caída fue la suya. Franco le llamó, y afeándole su exceso pro nazi, su enfrentamiento con Varela, que había salvado la vida de milagro en Begoña y, de paso, sus amoríos con Sonsoles Llanzol, le ordenó, tan concisamente como siempre se expresaba el Caudillo: «mañana quiero ver vacío tu despacho».

Así terminó la vida pública de este oportunista, que luego quiso ir tirando como víctima del Régimen. Cuando la única víctima de ese amorío fue Carmen Diez de Rivera, supuesta hija de los marqueses de Llanzol y en realidad fruto de la coyunda de su madre con Serrano Suñer, a quien la casualidad llevó a enamorarse de un hijo de Serrano y en tal tesitura su madre no tuvo otro remedio que decirle la verdad, con el consiguiente trauma para ella. Y para terminar me pregunto lo mismo que al principio, ¿a qué viene esta historieta ahora?

16 diciembre, 2016

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