Opinión

Mi visión de la violencia de género: una historia apócrifa

Hablemos de la violencia de género y de un personaje. Profesional brillante, múltiples cargos públicos a lo largo de su vida y una trayectoria impecable de caballerosidad e incorruptibilidad. Eso sí, impaciente hasta el máximo.

Durante su juventud se casó, como todo el mundo hacía por entonces por la Iglesia. El matrimonio duró veinte años con el fruto de dos hijos, tan brillantes o más que su padre. Transcurrido ese periodo se separó de su esposa, de la que nunca se separó por respeto al vínculo contraído y por sus hijos. No obstante conoció a una mujer, por ahora hace veinte años, de la que se enamoró y con la que durante todo ese periodo mantuvo una relación amorosa y respetuosa extrema y por lo tanto conflictiva. ¿Por qué fue conflictiva? Veamos.

La mujer, de clase y extracción social muy diferente, tenía una hija adoptada y de color, de unos 17 años cuando la pareja se conoció y comenzó su relación, no ya de comportamientos y vida complicados, sino complicadísimos. No se sabe si acomplejada por su origen y/o color la niña crece inmersa en el odio, el rencor, el ateísmo, el rojerío más radical y el gusto por lo repugnantemente radical. Antes de que se conociera la pareja de su madre con ella, ésta, durante todo su matrimonio anterior y después, trató de convertirla en lo mejor desde pequeñita, con ningún éxito.

La llevaron a seis de los mejores colegios de su época estudiantil. Pues bien, fue expulsada de todos, lo que ya por si solo parece digno del Guiness de los récords. A los 15 años se escapó de casa y ya tuvo antecedentes policiales por la caterva con la que se había juntado. Y así continuó los 20 años siguientes, mezclando la droga, la inutilidad y el capricho pero siempre tolerada por su madre, empeñada en verla como algo normal que jamás fue. En su senda no conoció naturalmente sino gentuza, porque lo educado siempre le pareció rechazablemente pijo y no le gustaba. Y sucesivamente, ya en plena relación de su madre con la pareja a que me referí al principio, fue liándose con un golfo tras otro, a los que, sin recursos ella ni el golfo de turno, iba metiendo en la casa de su madre, con la que vivía, sin el menor decoro.

Naturalmente semejante individua fue motivo de conflicto entre su madre y su pareja. De todos modos mientras solo se trato de su golfería, unas veces cerca de su pacientísima madre y otros lejos, la fricción que su comportamiento creaba en la pareja fue más o menos soportada aunque por supuesto semejante «regalo» nunca fue del agrado ni la cercanía del hombre brillante pareja de su madre.

Todo llego al límite cuando no se conformó con liarse con un golfo, sino que lo hizo con un delincuente, condenado y perseguido por la justicia, por supuesto sin documentación y naturalmente sin trabajo. Y la nena se quedó embarazada de semejante tipejo, al que metió en la casa de la madre, donde empezó a crecer una caricatura de familia, a la que había que mantener por la carencia de recursos de ambos. Como tal perseguido por la Justicia terminó por  ser capturado y «aterrizó» en el penal de Ocaña, donde permanece. La niñita de marras, no contenta con la situación insensata e irresponsable que había creado ya con un hijo con el delincuente preso, durante una de las primeras visitas se quedo embarazada de nuevo.

Y cundió la conflictividad en la pareja de su madre, literalmente aterrado de la situación que se avecinaba para su pareja, y de rebote para él, en cuanto a dedicación inevitable de ella para ayudar a la insensata madre de dos niños y no digamos en cuanto a gastos y costes de su manutención. El hombre se dirigía a su pareja, diez años menor que él (de edad avanzada por encima de los 80), ante esta situación en términos cada vez más duros  con respecto a la hija. En esa tesitura, sin embargo, acababa de morir un año antes la primera mujer del varón y este decidió pedir en matrimonio a su pareja, a pesar  del terrible tema hija.

Pero la conflictividad continuó e incluso creció cuando poco después de la boda él supo del segundo embarazo de la «nena» con el delincuente preso y la consecuente duplicación de la problemática situación insostenible. Hasta que un día, discusiones, insultos y hasta forcejeos continuos, sin que ella reconociera nunca la razón que tenía su ya marido, aunque la perdiera un poco por la boca, llegó para el pobre hombre la sorpresa. Ella se fue a su casa, invadida por su hija, abandonando el domicilio conyugal y él quedó solo con edad tan avanzada y un cáncer terminal.

Cuando esperaba el regreso de ella a casa, se encontró con que la Policía le anunciaba que había sido denunciado por violencia de género y que tenía que comparecer, todo movido por la hija, ante el tribunal correspondiente de violencia sobre la mujer.

Y al día siguiente fue víctima de la famosa orden de protección en favor de su mujer, claro, que incluso para ser cumplida, no solo le condenaba a la soledad y alejamiento sino a quedarse sin casa, debiendo abandonar el domicilio conyugal, alquilado, que él había aportado naturalmente. E inmediatamente  el «conjunto» madre/hija, guiado por la segunda, solicitó el divorcio y una jugosa pensión. Con lo que la maldita hija se encontró satisfechísima, con su madre en casa de «criada para todo» y dedicación total a ella, vaga, parada y sin el menor deseo de hacer nada, y a sus niños (con el preso padre encantado), quitándose de encima la molestia del honrado marido de su madre y encima sacándole por el divorcio una suculenta pensión para vivir servida por su mama.

El final de este «víctimo de género», por la falsa violencia de género contra su esposa, a la que amó hasta el final, pretendiendo arreglarlo todo, SE QUITÓ LA VIDA. Encantadora esta ideología de género que, aparte de tantas víctimas femeninas reales, tantas mentiras  y acusaciones falsas está generando y quizá más hombres desesperados y abocados al suicidio como  el que acabo de relatar.

Manuel Monzón

1 junio, 2017

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *