Madrid, Opinión

Viajes a Venezuela de José Luises y Albertos

Hay días que a uno le gustaría ser Papa por un día y cambiarse el nombre. Me acuerdo de aquel personaje catalán, Carod-Rovira, que un buen día soltó aquello de “no me llamo José Luis.” Para los que así fuimos bautizados siempre nos quedará el consuelo del bueno y otoñal Perales o las noches de bodas y ferias con el pavo real de José Luis Rodríguez (…) “el Puma”.

Esta semana hemos asistido al viaje a Venezuela de nuestro expresidente Rodríguez Zapatero. Debe ser duro vivir en el anonimato como hizo el autor del Lazarillo de Tormes. El polémico José Luis necesitaba verse de nuevo en los titulares de los medios y para no ser menos que Felipe González, ha cruzado el charco para mediar en un conflicto institucional que puede acabar en una guerra civil. Ya estuvo de observador en las pasadas elecciones de este país, por lo que no es la primera vez pero como no denunció nada, o bien calla, o igual es que en vez de en Caracas estuvo en los Roques. En todo caso, nuestro José Luis ha sido bien tratado por Nicolás Maduro.

Mucho se ha escrito de las relaciones entre Podemos y el régimen populista bolivariano. Sin embargo, en estos días, Alberto Garzón el líder de IU ha pasado de la marginalidad a ser uno de los protagonistas de las próximas elecciones. Alberto Garzón no es un político cualquiera y viene a tapar la imagen de la bochornosa presentación de Iglesias en el Congreso con aquello de la cal viva. Sus formas son impecables y con una oratoria brillante, transmite una inquietante sensación de equilibrio y sentido común, que poco tiene que ver con el fondo desestabilizador de su mensaje que pretende, bajo la bandera republicana, retrotraernos al principio de una transición de la que esta izquierda se avergüenza.

Sin embargo, Garzón se retrató el año pasado con Susanna Griso declarando que Venezuela era una democracia igual que España o Francia, y legitimando la encarcelación de Leopoldo López por ser un golpista. Por si le faltaba algo, también comentó que Felipe González iba a Venezuela para defender los intereses de las grandes empresas que están saqueando a América Latina. Habría que preguntarle ahora si tras las últimas elecciones democráticas en ese país, sigue creyendo en la soberanía del pueblo o el hecho de que Venezuela esté entre los 38 estados de la lista negra por violación de los Derechos Humanos es un invento de la ONU.

Esta semana otro Alberto, de apellido Rivera, va a Venezuela para defender la democracia y la libertad de los presos políticos. Está amenazado por el régimen como ya ha advertido Diosdado Cabello. Asimismo, nuestro Ministro de Exteriores en funciones, el Sr. Margallo, le ha pedido sutilmente (y probablemente con envidia sana) que vaya al estilo Zapatero, es decir a mediar por la reconciliación. Parece que a Rajoy le molesta que alguien se salga del guión y demuestre algo que a él no le sobra, valentía.

@jlmhens

22 mayo, 2016

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