Madrid, Opinión

Carta abierta a Mari Mar Blanco

Querida Mari Mar Blanco: En estas fechas, los españoles de bien, recordamos a tu hermano, Miguel Ángel. Han transcurrido 19 años desde que ETA segó su vida en Ermua, después de dos días de secuestro y amarga espera, con un tiro en la cabeza.

Permíteme que en este momento político que atraviesa España te utilice como paradigma de todas las que han pasado por tu trance y han debido de mirarse en el espejo múltiple y deformante de la sinrazón etarra.

Tu hermano, Miguel Ángel Blanco, es nuestro hermano. Él no sufre; hace tiempo que está en paz y, cuando menos, que es poquísimo, pasó de la vida a la muerte como los elegidos de los dioses: joven, al borde del triunfo acumulado tras años de esfuerzo personal, de un segundo al siguiente y sin sufrir en el instante por mucho que padeciera en el trayecto hasta conseguir que un idiota (hace falta algo más, algún mérito perverso, para reclamarse de gran criminal) sin correr peligro ni precisar coraje, encontrara su destino sólo presionando el índice sobre un gatillo ante la nuca de un joven inocente, desarmado y maniatado. Quien mató a tu hermano, no es ni bosta de cuervo, y no merece ni que se le defina.

Hoy, los españoles de bien, seguimos estando contigo y tu familia y deploramos que ese crimen no supusiera el fin de ETA, sino un cambio de estrategia. Nos apena que los criminales, sus acólitos y amiguetes estén en las instituciones y que ETA no haya sido vencida ni derrotada. Es una vileza que ETA haya sido premiada y que 19 años después del crimen, ayuntamientos como el de Vitoria, con alcalde del PNV apoyado por el PSOE, niegue el merecido homenaje a Miguel Ángel Blanco con la excusa de que no nació en Vitoria, no era Alavés. Para el PNV y los socialistas vascos, el hecho del lugar de nacimiento es determinante a la hora de participar en el recuerdo a las víctimas de ETA. Casi mejor así. Es un insulto que partidos como el PNV acudan a homenajes a víctimas del terrorismo, con lo compresivos que siempre se han mostrado con los asesinos.

Querida Mari Mar: no olvidamos a Miguel Ángel y no perdonamos a sus asesinos. Ten fortaleza para asumir, como tantas otras que te han precedido en el calvario, que ETA y sus mandatarios hipócritas y fariseos, siempre matan dos veces, y es ahora a ti a quien le toca el peor doblete de esta repetida historia.

@marisaarcas

17 julio, 2016

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